martes, 20 de noviembre de 2012


            El pasado mes de febrero salió publicado en El Mundo un artículo titulado “El suicidio, la epidemia del siglo XXI”. Sacaba a la luz datos sorprendentes, como por ejemplo que el suicidio es la causa más numerosa de muerte no natural en el mundo, por encima de guerras y accidentes de tráfico. Otro dato a destacar es que en España, cada cuarenta segundos se suicida una persona. Puede parecernos  exagerado, pero no lo es si nos paramos a pensarlo, pues casi todo el mundo tiene un caso cercano. Quizá ahí está la clave de porqué el suicidio es un tema tabú (condenaciones al infierno aparte): nos tenemos que parar a pensarlo. Nuestro cerebro funciona con este tema como lo hace con el resto de muertes traumáticas: cuando un ser querido decide quitarse la vida, aunque hacemos lo posible por mantener vivo su recuerdo, intentamos desterrar su forma de morir a lo más profundo de nuestro subconsciente para no rememorarlo en exceso.

            No extraña por tanto que también sea tema tabú en los medios de comunicación. Hay una norma ética en la carrera de periodismo que dice que “El suicidio no es noticia”. Podemos estar de acuerdo con esta afirmación, porque realmente, que una persona ponga fin a su vida no aporta nada de información. En cambio a veces sí aparece en los medios cuando la persona en cuestión decide hacerlo en público o de manera llamativa o cruel. Pero entonces, el hecho en sí de suicidarse aparece en un segundo plano. Por ejemplo, si uno se quema a lo bonzo, se destaca el motivo por el que lo hace, normalmente reivindicativo. En el segundo caso, si por ejemplo uno se quita la vida después de matar a su mujer, se destaca como un caso más de violencia de género. Nunca se profundiza en el hecho en sí de suicidarse, el hecho en sí de despreciar algo tan valioso como la propia vida. Habrá que pensar entonces que si la prensa omite o difumina los suicidios es por evitar llenar los noticiarios de material morboso. Pero en los medios hay ejemplos a miles cada día para descartar esa hipótesis. El argumento que se  utiliza para afirmar que el suicidio no sea noticia es, que no es conveniente publicar estas noticias para evitar el “Efecto llamada”. Periodismo responsable pues.

            Juan Carlos Pérez, sociólogo e hijo de suicida, publicó una obra llamada “La Mirada del suicida”. En ella hay varios testimonios de personas que han sufrido el suicidio de un ser querido, empezando por el propio autor. También aparecen estudios realizados por psicólogos donde analizan los rasgos más comunes de los suicidas. La mayoría de ellas podría deducirlas cualquiera y se resumen en dos: algún tipo de enfermedad mental e infelicidad. La primera causa es difícilmente diagnosticable y la mayoría de las veces, se manifiesta con el primer intento de suicidio. En cambio en la segunda, percibir la infelicidad de una persona próxima está al alcance de cualquiera. Es fácil identificar a una persona que sufre y no mucho más difícil interesarse por las causas de ese sufrimiento. También en este caso, la mayoría de las ocasiones los motivos que la causan son bastante fácil de imaginar: tristeza, soledad, mala situación económica y laboral o problemas sociales son los más habituales. No pocos suicidas se sienten solos y abandonados, y matarían por un poco de atención. Es por eso por el que se evita publicitar los suicidios, porque si una persona que se lo está planteando ve que otro lo hace y recibe un “reconocimiento social (ya sabemos que todos somos mejores cuando morimos), puede ser el impulso definitivo que le lleve a hacerlo.

            Es muy loable que los medios de comunicación velen porque no se extienda la moda del suicidio. Sin embargo, el número de suicidas es alarmante. Hace 50 años el número no excedía de 1.500 al año y ahora no baja de 3.000. Según el Instituto Nacional de Estadística, el número de suicidios en 2009 era de 3.429 y en 2010 de 3.145. Todavía no están las cifras de 2011 y 2012, pero todo hace indicar que el número aumentará y además, en más alto porcentaje. En cambio, el número de personas con alguna psicopatía no aumenta al mismo ritmo, por lo que quizá haya que buscar el motivo de ese aumento de muertes en la mayor infelicidad de las personas. La pregunta pues es sencilla: ¿Ha sucedido algo importante en España en los últimos 4 o 5 años? Efectivamente, es fácil deducir que la crisis y sus responsables están detrás de estas muertes. No hay ningún sociólogo que se atreva a afirmarlo aunque es la respuesta más sencilla a este aumento. Quizá no lo afirmen temiendo también el efecto llamada.

Estos últimos días estamos viendo que el “Efecto llamada” realmente existe. En apenas un mes se han dado varios casos de suicidios por un inminente desahucio. Incluso se han rescatado noticias de casos similares de hace algunos meses. La notoriedad en medios de las víctimas quizá ha empujado a otros a hacerlo y como consecuencia, el gobierno ha decidido ponerse a actuar. No porque lamente ser en gran parte responsable, sino porque ha surgido la alarma social.

            Quizá también todo este razonamiento sirva para explicar porqué en ocasiones se omiten informaciones que sí deberían tener más presencia en los medios por su relevancia, como fue el caso de la revolución islandesa. Quizá por miedo al “efecto llamada”. También explicaría porqué en España esta noticia tampoco tuvo apenas seguimiento

 


 

¿Miedo?
 

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