El
pasado mes de febrero salió publicado en El
Mundo un artículo titulado “El suicidio, la epidemia del siglo XXI”. Sacaba
a la luz datos sorprendentes, como por ejemplo que el suicidio es la causa más numerosa
de muerte no natural en el mundo, por encima de guerras y accidentes de
tráfico. Otro dato a destacar es que en España, cada cuarenta segundos se
suicida una persona. Puede parecernos exagerado, pero no lo es si nos paramos a
pensarlo, pues casi todo el mundo tiene un caso cercano. Quizá ahí está la
clave de porqué el suicidio es un tema tabú (condenaciones al infierno aparte):
nos tenemos que parar a pensarlo. Nuestro cerebro funciona con este tema como
lo hace con el resto de muertes traumáticas: cuando un ser querido decide
quitarse la vida, aunque hacemos lo posible por mantener vivo su recuerdo,
intentamos desterrar su forma de morir a lo más profundo de nuestro subconsciente
para no rememorarlo en exceso.
No
extraña por tanto que también sea tema tabú en los medios de comunicación. Hay
una norma ética en la carrera de periodismo que dice que “El suicidio no es
noticia”. Podemos estar de acuerdo con esta afirmación, porque realmente, que
una persona ponga fin a su vida no aporta nada de información. En cambio a
veces sí aparece en los medios cuando la persona en cuestión decide hacerlo en público
o de manera llamativa o cruel. Pero entonces, el hecho en sí de suicidarse
aparece en un segundo plano. Por ejemplo, si uno se quema a lo bonzo, se
destaca el motivo por el que lo hace, normalmente reivindicativo. En el segundo
caso, si por ejemplo uno se quita la vida después de matar a su mujer, se
destaca como un caso más de violencia de género. Nunca se profundiza en el
hecho en sí de suicidarse, el hecho en sí de despreciar algo tan valioso como
la propia vida. Habrá que pensar entonces que si la prensa omite o difumina los
suicidios es por evitar llenar los noticiarios de material morboso. Pero en los
medios hay ejemplos a miles cada día para descartar esa hipótesis. El argumento
que se utiliza para afirmar que el
suicidio no sea noticia es, que no es conveniente publicar estas noticias para
evitar el “Efecto llamada”. Periodismo responsable pues.
Juan
Carlos Pérez, sociólogo e hijo de suicida, publicó una obra llamada “La Mirada
del suicida”. En ella hay varios testimonios de personas que han sufrido el
suicidio de un ser querido, empezando por el propio autor. También aparecen estudios
realizados por psicólogos donde analizan los rasgos más comunes de los
suicidas. La mayoría de ellas podría deducirlas cualquiera y se resumen en dos:
algún tipo de enfermedad mental e infelicidad. La primera causa es difícilmente
diagnosticable y la mayoría de las veces, se manifiesta con el primer intento
de suicidio. En cambio en la segunda, percibir la infelicidad de una persona
próxima está al alcance de cualquiera. Es fácil identificar a una persona que
sufre y no mucho más difícil interesarse por las causas de ese sufrimiento.
También en este caso, la mayoría de las ocasiones los motivos que la causan son
bastante fácil de imaginar: tristeza, soledad, mala situación económica y
laboral o problemas sociales son los más habituales. No pocos suicidas se
sienten solos y abandonados, y matarían por un poco de atención. Es por eso por
el que se evita publicitar los suicidios, porque si una persona que se lo está
planteando ve que otro lo hace y recibe un “reconocimiento social (ya sabemos
que todos somos mejores cuando morimos), puede ser el impulso definitivo que le
lleve a hacerlo.
Es
muy loable que los medios de comunicación velen porque no se extienda la moda
del suicidio. Sin embargo, el número de suicidas es alarmante. Hace 50 años el
número no excedía de 1.500 al año y ahora no baja de 3.000. Según el Instituto
Nacional de Estadística, el número de suicidios en 2009 era de 3.429 y en 2010
de 3.145. Todavía no están las cifras de 2011 y 2012, pero todo hace indicar
que el número aumentará y además, en más alto porcentaje. En cambio, el número
de personas con alguna psicopatía no aumenta al mismo ritmo, por lo que quizá
haya que buscar el motivo de ese aumento de muertes en la mayor infelicidad de
las personas. La pregunta pues es sencilla: ¿Ha sucedido algo importante en
España en los últimos 4 o 5 años? Efectivamente, es fácil deducir que la crisis
y sus responsables están detrás de estas muertes. No hay ningún sociólogo que
se atreva a afirmarlo aunque es la respuesta más sencilla a este aumento. Quizá
no lo afirmen temiendo también el efecto llamada.
Estos últimos
días estamos viendo que el “Efecto llamada” realmente existe. En apenas un mes
se han dado varios casos de suicidios por un inminente desahucio. Incluso se
han rescatado noticias de casos similares de hace algunos meses. La notoriedad en
medios de las víctimas quizá ha empujado a otros a hacerlo y como consecuencia,
el gobierno ha decidido ponerse a actuar. No porque lamente ser en gran parte
responsable, sino porque ha surgido la alarma social.
Quizá
también todo este razonamiento sirva para explicar porqué en ocasiones se omiten
informaciones que sí deberían tener más presencia en los medios por su
relevancia, como fue el caso de la revolución islandesa. Quizá por miedo al
“efecto llamada”. También explicaría porqué en España esta noticia tampoco tuvo
apenas seguimiento
¿Miedo?

No hay comentarios:
Publicar un comentario